lo que no se ve en los estados financieros

San José, Costa Rica  ·  5 de mayo de 2026

En una entrega anterior planteé que la pregunta de fondo no es si la empresa tiene riesgos financieros, sino si los conoce. La pregunta admite ahora una continuación que vale la pena recorrer con cuidado, porque conocer los riesgos no es lo mismo que administrarlos. La empresa que los conoce y no actúa los sufre con conciencia, lo cual no la hace menos vulnerable, solamente más lúcida cuando llega el golpe. La empresa que los administra antes de que lleguen los neutraliza, o al menos los reduce a una proporción manejable. La distinción entre conocer y mitigar no es retórica. Es la frontera práctica entre acompañar el deterioro con resignación informada o ejercer la dirección de la empresa con margen real de maniobra, que es exactamente la diferencia entre dirigir y solo conducir.

Conviene marcar entonces una distinción técnica que el lenguaje cotidiano de la pequeña y mediana empresa suele confundir. Controlar no es lo mismo que mitigar. La función de control mira el pasado reciente y lo ordena, registra lo ocurrido, lo concilia y lo presenta en estados financieros. La función de mitigación mira el futuro inmediato y lo administra, identifica dónde puede romperse el flujo de caja antes de que se rompa, anticipa cuál contingencia se está acumulando antes de que se materialice, fija reglas de actuación antes de que la situación las exija. Una mira hacia atrás. La otra debe mirar hacia adelante. La empresa que tiene una sin la otra navega con espejo retrovisor donde debería tener parabrisas, y suele descubrir el obstáculo cuando ya es tarde para esquivarlo.

La práctica con pequeñas y medianas empresas costarricenses muestra que la mitigación se construye sobre cinco disciplinas concretas, cada una correspondiente a una dimensión operativa distinta. La primera es la proyección de la liquidez en un horizonte rodante de noventa días, leída en tres escenarios paralelos, que anticipa el rango real de exposición antes de que la quincena lo imponga. La segunda es la oportunidad de la información financiera, donde un cierre mensual al día diez del mes siguiente, con sus conciliaciones al día y sus saldos sustentados, opera como instrumento de decisión y no como trámite tardío. La tercera es la administración deliberada de márgenes, donde el precio de cada producto, servicio o cliente se calcula con costeo directo y asignación razonable de costos indirectos, y se revisa cuando los costos efectivamente se mueven. La cuarta es la cuantificación periódica del pasivo laboral devengado, porque aguinaldo, vacaciones y cesantía siguen creciendo aunque nadie los registre, y un día el cálculo aparece de golpe. La quinta es la formalización escrita del mapa de riesgos, donde la concentración de clientes, la exposición cambiaria y la dependencia de proveedores únicos se nombran, se cuantifican y se administran con plan, no con intuición.

Vale la pena detenerse en la primera de estas disciplinas, porque suele ser la que mayor distancia muestra entre lo que la empresa cree saber y lo que realmente puede anticipar. El flujo de caja proyectado se construye sobre tres bloques articulados, los ingresos por cobrar asignados con probabilidad realista, los egresos comprometidos en planilla, proveedores e impuestos, y el saldo resultante semana a semana sobre los próximos noventa días. La misma estructura se proyecta tres veces, con un escenario pesimista, uno esperado y uno optimista, y la diferencia entre los tres marca el rango de exposición real del negocio. El ejercicio no es académico. Revela las semanas donde el saldo se vuelve negativo y, por tanto, las semanas donde el dueño todavía dispone de tiempo para decidir en frío si recurre a una línea de crédito, posterga pagos no críticos o acelera cobranzas. Cambia la conversación de la quincena en crisis a la decisión tomada un mes antes.

La diferencia entre la empresa que prospera y la que se queda en el camino no está en la ausencia de amenazas. Las amenazas existen siempre, son condición permanente de hacer negocio en cualquier latitud, en cualquier sector, en cualquier escala. La diferencia está en la oportunidad con que se administran y en la disciplina con que se sostiene esa administración a lo largo del tiempo. Conocer los riesgos sirve para no sorprenderse. Mitigarlos sirve para no padecerlos. La pregunta nueva, entonces, ya no es si su empresa los conoce. La pregunta es si los está administrando antes de que lleguen, o si está esperando a sufrirlos para reaccionar.

Wilson Esquivel Serrano

Contador Público Autorizado N° 4708

Máster en Derecho Tributario y Fiscal

Director Fundador  ·  KEVAS Consultores y Asesores S.A.

Certificado por el Colegio de Contadores Públicos de Costa Rica en NIIF Full, NIIF para PYMES y NICSP Sector Público